Tarambana cruza Carabanchel: artes escénicas, barrio y nuevos públicos en la cuarta edición del festival

Sala Tarambana y T3 acogieron 13 propuestas y 15 sesiones durante Cruza Carabanchel. Teatro, danza, música y creación compartieron espacio en una edición que conectó a artistas, vecinos y nuevos públicos.

Sala Tarambana y T3 Tarambana han vuelto a convertirse en dos de los puntos de referencia de Cruza Carabanchel, acogiendo 13 propuestas y 15 sesiones entre teatro, danza, música, literatura, talleres y creación contemporánea. Una programación diversa que resume bien una de las ideas que dan sentido al festival: hacer visible la cultura que ya sucede cada día en el distrito y favorecer que nuevos públicos crucen las puertas de sus espacios.

Del 26 de septiembre al 4 de octubre, Carabanchel volvió a convertirse en un gran mapa cultural con la celebración de la cuarta edición de Cruza Carabanchel, el festival organizado por Carabanchel Distrito Cultural que conecta espacios, artistas, colectivos y ciudadanía de todo el distrito. Una iniciativa que hace visible la cultura que forma parte de la vida cotidiana del barrio: en sus salas, estudios, galerías, librerías, talleres, asociaciones y espacios comunitarios.

Tarambana volvió a formar parte activa de ese mapa y a hacerlo desde uno de los territorios que mejor conoce: las artes escénicas y la creación en vivo. Durante los nueve días de Cruza, Sala Tarambana y T3 Tarambana acogieron trece propuestas diferentes y quince sesiones, construyendo una pequeña programación dentro de la programación general del festival.

El arranque dejó ya una de las imágenes más claras de la respuesta del público. Los Animales, el concierto-espectáculo de La Banda Mocosa dirigido a la primera infancia, completó sus 90 localidades. Esa misma jornada pudo verse La escuela perdida, de Solo es nuestro deseo, mientras que T3 Tarambana acogió El gran manicomio, de Estudi Zero Teatre.

A partir de ahí, las dos salas fueron encadenando lenguajes, formatos y públicos muy distintos. El Festival Surge Madrid estuvo presente con Última velada futurista para el presente, de Nerea Lovecchio, y con Amniótico, de Vertebradas Artes Escénicas y LauraEnÓrbita. Ambas propuestas registraron una ocupación superior al 90 %, con 82 y 83 asistentes respectivamente.

La literatura encontró también su lugar en Tarambana con Eirene Editorial sale a la calle y ¿Te lo digo o te lo cuento?, de Teresa Olalla Tomey. Y T3 abrió la puerta a la participación directa mediante los talleres de Paula T y el colectivo Folkcorp-lab, No hay que hacer nada para que te quieran.

El último fin de semana confirmó especialmente la capacidad de convocatoria de las artes escénicas. El Eco del Arrecife, de DRAKORA Producciones, reunió 134 espectadores en sus dos funciones, superando el 90 % de ocupación; El Pelotazo, de El Espejo Producciones, agotó las 74 localidades disponibles, y Lulú, de Rivera&Siz, cerró la programación de Tarambana el domingo 4 de octubre. En T3, Cleopatra, de la Asociación Cultural Orión, incorporó la danza oriental a este recorrido escénico y reivindicó a través de ella la fuerza y el empoderamiento femenino.

Las ocho propuestas para las que contamos con datos consolidados de asistencia sumaron 596 espectadores. Más allá de la cifra, la sucesión de llenos y ocupaciones muy elevadas en varias de las funciones muestra algo especialmente importante para una sala de proximidad: durante Cruza, públicos diferentes entraron en la Sala Tarambana para encontrarse con propuestas que quizá no formaban parte inicialmente de sus circuitos habituales.

Ahí reside una de las mayores fortalezas del festival. Cruza Carabanchel funciona como un sistema de vasos comunicantes entre públicos, disciplinas y espacios. Invita a quien acude a un concierto a descubrir una obra de teatro; a quien entra en una galería a continuar su recorrido por una sala; y a quien ya participa de la vida cultural del barrio a conocer espacios que estaban a pocos minutos de casa pero que todavía no había cruzado.

Para Tarambana, participar en Cruza significa también reivindicar una idea que forma parte de nuestra trayectoria: una sala no es únicamente un lugar donde se representan espectáculos. Es un espacio de encuentro, creación, conversación y relación con el territorio. Y esa manera de entender la cultura conecta directamente con un festival que sitúa a la ciudadanía en el centro y convierte al propio barrio en protagonista. Desde sus primeras ediciones, Cruza ha defendido precisamente esa relación entre tejido creativo, comunidad y visitantes como uno de sus principales valores.

Durante esos nueve días volvimos a comprobar la riqueza cultural de Carabanchel. Conectarla, compartirla con la comunidad y hacerla visible es un trabajo que continúa más allá del festival.

Gracias a los artistas, a los equipos y al público que formaron parte de esta edición. Nos alegra que Sala Tarambana y T3 hayan sido lugares de encuentro dentro de ese recorrido por el barrio.