
SINOPSIS
Rafael y Manuel son parte de esa gente. Dos hombres compartiendo el paupérrimo cuarto de una pensión, y una botella de vino. Hacen lo que les sale para ganarse la vida con dignidad, pero parece que las máquinas de Dios no entienden de dignidad. Ni de sueños.
En el cuartucho donde viven ambos desarrollan un intenso conflicto de valores. Rafael intenta mantenerse unido a la sociedad, a los lazos familiares, y reza, confía en que pase algo para que su vida cambie. Sabe leer y escribir, pero le falta lo más esencial: la presencia.
Y Manuel tiene unos zapatos nuevos, o casi, que, naturalmente, se ha encontrado en la basura.
Manuel, por otro lado, no tiene otra familia que la que ha creado, probablemente sin ser consciente, con Rafael. No es que no desee formar parte del mecanismo social: simplemente no se le pasa por la cabeza. No sabe leer, ni escribir. Vive en el bujero y vive bien. Podría ser peor.
Los diálogos están plagados de gritos inofensivos que se mutan en lamentos fervorosos contra la existencia. El mundo no les acepta y ellos no entienden el mundo. La marginalidad y la necesidad de vínculos son lo que más une y lo que más separa a los protagonistas.
Sus únicos vínculos con la sociedad compleja son la necesidad matar el hambre, el frío y la sed; y los periódicos que Rafael atesora en el cuarto en una curiosa manifestación del Síndrome de Diógenes cultural que padece. De pronto, lee una noticia de hace 20 años, otra de ayer…
Simultáneamente, entre los desperdicios de donde salen periódicos o zapatos emerge también el lado humano de los miserables. Hay ética en el submundo.