Puede ser que todo cortometrajista aspire a hacer un largometraje, pero no por ello, el que hace el cortometraje, deja de sentir un impulso creativo, una necesidad artística o una aspiración de contar una historia elevándola, en el caso de que sea así, a un nivel más elevado… allí donde radica el arte.
En el Festival de Cortos de Carabanchel en Tarambana queremos seguir sembrando talento y seguir apostando por la importancia del cine en los barrios, en este caso, en Carabanchel. En estas fechas empezamos a recibir las propuestas en nuestro Festival que se celebrará en el mes de Julio en su edición número 12.
Nuestro Festival crece de manera reconocible. En los circuitos de cortometrajes Tarambana es, cada vez más, un lugar del que se habla y que cada vez más se pone en el calendario por parte de cada vez más gente del mundo del corto… De cineastas, en definitiva.
Tarambana se convierte en un cine donde poder tomar algo mientras se disfruta de cine en un buen ambiente (el ambiente siempre es importante en nuestra sala). La mecánica es atractiva y sencilla: Proyectamos 7 historias cada tarde que tienen una duración que va desde 1 a 20 minutos. El público vota en un ambiente muy ameno. También hay distintos premios. Los números de cortos presentados en este festival son, verdaderamente, llamativos. Cada vez se han ido presentando más proyectos; en los últimos años se han podido presentar unos 250 cortos por convocatoria, de entre los que seleccionamos 36 por edición.
En nuestro festival se da cabida a cortos de todo tipo de producción; desde cortos con mucho presupuesto hasta cortos de productoras sin apenas presupuesto, pasando por escuelas, gente del barrio o jóvenes. Un par de claves del Festival de Tarambana es que es ecléctico en cuanto a géneros (hay desde documentales hasta animación tradicional) y se buscan trabajos aún no muy premiados. De hecho, hay un montón de cortos multipremiados que ganaron su primer o segundo premio, precisamente, en Carabanchel.
Además, en el corto en general y, en el Festival de Tarambana, en particular, se favorece mucho la posibilidad de visibilizar cortos cuyo género o cuyo procedimiento está desapareciendo en el ámbito del largometraje, como por ejemplo: La serie B, el cine de gente con diversidad funcional o en el caso de la animación, el “stop motion”.
Insistimos en la idea de que el cortometraje no es sólo una aspiración a alcanzar un largometraje, sino que es un hecho y un presente con un anhelo artístico, como el de cualquier película, pero sin la necesidad imperiosa de la rentabilidad.
En definitiva, el cortometraje ayuda a tejer un entramado cultural y artístico y llevarlo a los barrios y a la gente, siendo festivales como el de Tarambana, la manera de acercarlo.





