
La obra pretende recuperar la bella costumbre de contar cuentos en familia, el valor de los cuentos de tradición oral como medio para desarrollar la imaginación infantil y el placer de la escucha que nos conduce a la convivencia.
Una titiritera se presenta acompañada de una añosa cesta, que encontró abandonada en una estación de tren, y del cofre de un viejo marinero. Asegura que los objetos antiguos, si sabemos escucharlos, siempre encierran muchas historias y alguna sorpresa. Sus palabras son sabias y ciertas, porque si observamos atentamente, veremos como de estos viejos objetos -la cesta y el cofre- surgen de forma sorprendente multitud de personajes que dan vida a dos fábulas tradicionales diferentes: «El Conejo preguntón» y «La Mar salada».
El Conejo preguntón. Pimpe era un conejo inquieto y muy curioso. Se pasaba todo el santo día haciendo mil preguntas a cualquiera que se cruzara en su camino, porque las respuestas de su paciente padre no acababan nunca de convencerle. Un día, su insaciable curiosidad le llevo a querer buscar al hombre. Quería conocerlo a toda costa, aunque todos le habían advertido que debía evitar al hombre y cuidarse de él, porque era el animal más cruel y peligroso de la tierra.
La Mar salada. En un pueblo de pescadores vivían dos hermanos: Marino y Coral. Un mal día a sus padres se los llevó La Mar. Coral y Marino se quedaron solos, heredando de sus padres una barca y la tarea de cuidar y atender un viejo faro. Marino se quedó con la barca y Coral se encargó de mantener el faro encendido para guiar a los barcos a buen puerto. Con tan pesada carga, Coral no disponía de tiempo para cuidar el huerto ni para ir a pescar y tenía la despensa siempre vacía. Sin embargo, su hermano, que salía a pescar todos los días, tenía la despensa completamente llena…